Un efecto secundario es un cambio que hace un programa fuera de la respuesta que devuelve. Por ejemplo, una función puede calcular un total y también guardar un archivo o enviar una notificación.

Imagina que pides a alguien que te diga la hora y descubres que también ha encendido las luces. Esa acción adicional es un efecto secundario.

Los efectos secundarios no siempre son malos: muchos programas necesitan guardar o enviar información. Saber cuándo una acción cambia algo ayuda a evitar resultados inesperados.