Un archivo de configuración almacena opciones que indican a un programa cómo ejecutarse. Puede especificar qué idioma usar, dónde conectarse o qué opciones están activadas.

Imagina una pequeña hoja de instrucciones junto a una máquina. En vez de cambiar sus piezas internas, actualizas la hoja para elegir cómo debe funcionar.

Estos archivos suelen usar formatos con nombres y valores claros para que puedan leerlos tanto las personas como los programas. No pongas contraseñas secretas ni claves de API en archivos que puedan compartirse públicamente.