Un control de valoración permite puntuar un elemento, a menudo eligiendo estrellas. Convierte una impresión en un valor sencillo que se puede comparar o contar. Es como puntuar una película sobre cinco: cuantas más estrellas rellenas, mayor es la valoración.

Por ejemplo, una tienda puede pedir al cliente que valore un producto después de comprarlo. El control debe dejar clara la escala —por ejemplo, de una a cinco estrellas— y mostrar el valor seleccionado.

Usa valoraciones cuando las personas puedan juzgar lo mismo de forma significativa. Añade una etiqueta breve o un nombre accesible para que quien no ve las estrellas también entienda la selección.